Reversión

Reflexiones de un colombiano en relatos, prosas, versos y textos que quienquiera me puede recibir, que quiero compartir un poco. Si obtienes algún deleite, o experimentas alguna complicidad, puedes escribir un comentario.

Reversión

Reflexiones de un colombiano en relatos, prosas, versos y textos que quienquiera me puede recibir, que quiero compartir un poco. Si obtienes algún deleite, o experimentas alguna complicidad, puedes escribir un comentario.
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Archivo para: Diciembre 2006, 22

22.12.06

Perplejo

categorías: Versos
II


Tu eres carne y hueso, y matriz orgánica

y magnética y amante, y poro

exhalante ineluctable que pasó

y dejó mi soledad flagrante.


Tu eres carne y hueso y trabazón orgánica,

y lenguaje conocido e inexplicable,

y piel presente e ineluctable y evidente.


Tu eres carne y hueso y piel blanca

y un silencio y sonrisa inexplicable.

Tu eres gesto silente y pronunciado,

amañado en un ardor insospechado.


Tu eres carne y hueso breves y esquivos,

seducientes, comitivos, inducientes,

sugestivos y desesperantemente magnéticos.


Tu eres carne y hueso

insospechados en su peso

y esfumados en el parpadeo

y pesantes en las ausencias

y pesantes en las presencias

y breves y ligeros y esquivos

e inexplicablemente relevantes.


Tu eres carne.

Y hueso.

Orgánica.

E inexplicable.

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  • Posteado en 13:17:57

Amigos:

categorías: Versos

Aquí vienen fluyendo las quietudes en remansos,

seduciendo un sendero,

cambiando la posada perfecta e hilarante.


Temo tumbarte la casa, el portillo y la alameda

con cosas inestables

¡hola! ¿cómo pasas? ¿cómo quedas?


Sé fuente primeriza con tumbos pasos

anegando el llano

como no queriendo y no pudiendo y no sabiendo

a qué viene lo uno y lo otro.


¿Encontrarnos al final? No importa.

Porque nada importa. Sino un amparo

que tiene el exterior en cosas simples,

en futilezas que imperceptiblemente

erosionan internas entropías.


Sucumbir en la tensión inexorable

es ya aliviar la opresión en la voluntad,

es y fue inercia disipada

como fuerza floja emancipada.


Amigos, no caminar sino que caminar;

pudiendo hacerlo no hacerlo

y esclavizar la conciencia

al trance amargo de la ausencia,

de la soledad,

del vacío

... y esto es importante porque nada más lo es.

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  • Posteado en 13:15:53

Soy

categorías: Versos

(El título es en cursiva)

Vamos a tomar algo ligero

como un trago de jugo de dulzor morigerado,

tomar un trago y danzar

con sorpresa.


Pudiera desatarme un triz,

rondar esta ciudad,

tomar el trago y el sereno ante la luna,

respirar el dióxido de carbono,

sentir en mi escucha la bulla,

mimetizarme con las pugnas

y ser


... no negar la vida

que la dislexia de la inercia

me oculta.

No negarla

por el imperio que acá ataca

y seduce fuertemente.


Fue una confusión.

No pude evitar dejarme.

Pero ya voy desilusionándome.

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  • Posteado en 13:13:09

El Energúmeno y el Fritanguero Entrega I

categorías: Relatos

Si recorremos las calles de Medellín el día que les toca la recolección de basura, podemos observar, como perros hambrientos, recicladores más o menos hábiles y selectivos zigzagueando y urgando de bolsa en bolsa con un impudor que envidiaría el más ambicioso estoico. Los carros de rodillos, costales de varias calidades o la ausencia de estos y aquellos indican otra forma de estratos dentro de la miseria, alegran nuevos matices en las subjerarquías infrahumanas. Con la jornada avanza también el deterioro de los paquetes y del cariz urbano, sufriéndose en los sectores más descuidados un derramamiento de vertedero, como si las polutas, hollinientas y herrumbrosas calles vomitaran; el centro de la ciudad parece una letrina ciclópea sólo transitable con el endurecimiento que da la costumbre.


Podríamos descender un último peldaño, hay aún un estrato. Son unos pobres miserables que pasan tirados en medio de las aceras como cadaveres, ahítos y transidos de sacol; renegridos y fétidos, como culminación cenital de la inmundicia urbana y, si cabe, humana.


Uno de estos pobres hombres brindaba un espectáculo singularmente grotesco, contorcido en los andenes más infestados de desechos; en grumos mugrientos e irregulares unos retorcijones que titubeo para llamar pelo y barba, rapados por el mismo aquí y allá, en chambas zanjadas en sus desvaríos y afición por las cuchillas de afeitar desechadas; pinturreteado con lo que encontraba —cosméticos, harinas, tierra—; cuando despierto siempre la mirada fija, perdida, con un brillo desteñido y difuso, cual si la retina consistiera en un velo de sangre espesa concentrado allí por la yerba; ya una sonrisa, ya un gesto seco, pero siempre inmutable su semblante.


Un energúmeno así y Jesucristo hubiera perdido su entereza y nada habrían lamentado los porqueros gerasenos.


Pocos resistían acercársele, por lo ingrato a los sentidos de su cercanía; en muchos provocaba además cierto temor. Sólo algunos comerciantes de la zona soportaban su repelencia, le conminaban para que se regenerara y le soltaban cualquier sobrado o trago de agua, precipitadamente, acosándolo para que despejara, conjurando su imagen comercialmente indeseable... Quien era una excepción a estas actitudes trabajaba un carro en una esquina —en la cuadra de los talleres de mecánica—; ventrudo y chaparro, y con un mostacho negro, enmarañado y frondoso. Velaba por el cumplimiento del rollizo régimen mecaniquil de ley a punta de chicharrones, chunchurria, chorizos y otras carnes acompañadas de arepas, patacones, papas, tozineta... que freía indistintamente y untaba con generosa mantequilla y salsas y lonjas de queso fundidas en más mantequilla. El grasiento fritanguero y su grasienta clientela —el uno por su cocina, por sus motores los otros— carecían de los escrúpulos del resto de la vecindad y bienpagaban el jolgorio que formaban con el energúmeno proveyendo la base de su dieta de pervivencia. Sus juegos y chanzas casi nunca pasaban de la pueril acicaladura, como si fuera una muñeca, del raquítico esperpento, quien malvestíase ceremoniosamente los pintorescos harapos desechados por las hijas y esposas de aquellos, malcubriéndose con los de las primeras, enredándose entre los de las últimas; quien se pinturreaba y embadurnaba con lo que fuera que pusieran en sus manos —el betún y el pintalabios era una combinación singularmente jocunda—. No obstante, de cuando en cuando, cuando los más moderados del concurso faltaban, asímismo la alegría revestía cierta pueril crueldad; como entregarle excrementos caninos o inducirlo a particpar de algún juego peligroso, que entre peor librado le dejaba, mayor algazara levantaba.

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  • Posteado en 12:53:13

El Energúmeno y el Fritanguero Entrega II

categorías: Relatos

Precisamente en una de estas ocaciones el energúmeno estaba inusualmente elocuente —acaso debido a algunos últimos días sin estimulantes—. Su voz era casi un susurro y repetía dos o tres veces la misma idea, pero podía llegar a sostener una conversación sencilla

—Oíste, ¿vos cómo te llamás? —preguntaba en tanto uno de los mecánicos; mientras ensañaba sus sarrosas muelas en un buen pedazo de chunchurria acompañada de su respectiva arepa— ¿Que si tenés nombre?, ¿que cómo te llamás? —le repetía, salpicándole en la cara trozos de comida al vérsela confundida y pasmada.

—No me acuerdo —respondió de repente, inmutable, parsimonioso, en inaudible volúmen; carraspeó y repitió—... No me acuerdo.


Su interlocutor, que se inclinaba para oírlo, voceó la contestación, sembrando unánimes carcajadas. El fritanguero, cuando el barullo se había aquietado, aprovechó la sobriedad del energúmeno para conocerle mejor:

—¿Y no se acuerda de donde viene usted, de donde nació...?


(Expectación... un poco de impaciencia)

—Me trajeron —vacilaba con su gesto de idiota—... me trajeron de una vereda —parsimoniosamente contestaba y repetía varias veces, más y más fuerte; todos anudaban las lenguas; se paralizaban las mandíbulas, dentro los bocados intritos. Ni aun así oían, y los más cercanos y mejor dotados de escucha tenían que propalar luego la vocecilla.


Sin embargo la curiosidad era general y la lentitud y debilidad de las respuestas la caldeaban antes que provocar desespero.

—¿Sí?¿Cúal? —proseguía el fritanguero.


(...)

—Concordia... cerquita del Peñol —(bis... bis.).

—¿Y dejó usté familia por allá?


(...)

—Vengo de un orfanato —(bis... bis.).

—Aaaah...¿O sea que vos no conocés a tu mamá?


(...)

—No —se leyó claramente en los labios del pobre una única vez, girando a un lado... y al otro su cabeza, en señal de negación.


El fritanguero, muy ocurrente, arrapó, amarrando esto y aquello, la oportunida de surtir de algazara harta como tal vez no se diera antes. Inclinó la conversación:

—Pero en el orfanato deben saber cómo te llamás vos y hasta dónde está tu mamá... allá deben manejar esa información.


(...)

—¿Sí? —se pudo oir remotamente al azorado energúmeno. Luego le preguntó el fritanguero:

—¿Por qué no vas y mirás?


(...)

—¿Cómo? —(bis... bis.).


El corro mecaniquil, ilusionándose, atizando el lance, exclamó sus acicates alternativamente:


—¡Quién quita que consigás por allá a la familia y un techo y comida!

—O al menos pedís tus papeles, que eso es muy triste no saber ni cómo se llama uno.

—¡Sí! Y además la gente por ahí vive muy aburrida con vos... Hasta te salen dañando si seguís por aquí.

—¿Y a usté no se lo llevan cada ratico pa'la carcel por no tener papeles... y a las patadas? Vaya y los pide, pa'que esos tombos no lo jodan más. Nosotros mismos lo llevamos a la terminal y lo montamos en la flota.

Por el estilo las acometidas se extendieron hasta que el azorado energúmeno fue entendiendo claramente el concejo y hasta que, sin mudar su inmutable semblante, con el hilo sólito de voz, aceptó.

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  • Posteado en 12:52:20