Reversión

Reflexiones de un colombiano en relatos, prosas, versos y textos que quienquiera me puede recibir, que quiero compartir un poco. Si obtienes algún deleite, o experimentas alguna complicidad, puedes escribir un comentario.

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22.12.06

El Energúmeno y el Fritanguero Entrega III

categorías: Relatos

La jocunda comitiva no vaciló en bajar las ruidosas persianas de sus talleres; el fritanguero, ausente su clientela, tuvo aún menos obstáculo para hacer otro tanto guardando su carro. A propósito —en consonancia con las circunstancias— se hallaba en los talleres colorida chiva cuyo encargado sin pensárselo arrancó, en su animación, sin esperar a nadie; a cuyo techo encaramaron precipitadamente al pasajero de honor, como a un bulto de papa, en el exceso de emoción y la inconsideración de su flaqueza. Ellos montaron y asomaron a los destapados flancos, vitoreándolo, riendo hasta el paroxismo ante los zarandeos de la chiva, viendo cómo el energúmeno no hallaba asidero; alentando gran bulla a lo largo del trayecto.


—¡Chúcele!... ¡chúcele! —era el cruel estribillo con que acuciaban al chofer; el cual de hecho lo hizo, al columbrar el faro amarillo del semáforo iluminado; cogiéndole el giro a siniestra algo de ventaja. Detrás, también aceleró el camión doble-troque que les sucedía (que cruzó el semáforo ya con algunos segundos alumbrando rojo) y que, ya por exceso de velocidad, ya por distracción de su chofer, frenó sólo cuando la totalidad de sus llantas siniestras habían quebrantado y resquebrajado las febles costillas del siniestrado energúmeno, ofreciendo la más vomitiva y ofensiva de las plastas a la desaforada y horrorizada tripulación de la chiva.


Cuando llegó al hospital su estado era crónico, su vida pendía de un hilo. Poco pudieron hacer los doctores al respecto. Consiguieron, sí, cierta endeble y vagarosa estabilidad y devolverle la conciencia al paciente que, cuadrapléjico y extremadamente delicado, quedó postrado indefinidamente en las camas del hospital, en la incertidumbre en cuanto al cuándo de la llegada de su definitivo momento. Lo más irónico, epiloguemos, fue que en verdad consiguió techo... y comida... y una “madre”... en la grasienta cofradía, que hubo de costearle el hospital y de visitarle y agasajarle a diario como pudo —acaso forzada por lo dramático del accidente y la horrorosa impresión con que indeleble la había marcado—.

  • Creado por  alemmela Creado por alemmela
  • Posteado en 12:47:24
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