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Precisamente en una de estas ocaciones el energúmeno estaba inusualmente elocuente —acaso debido a algunos últimos días sin estimulantes—. Su voz era casi un susurro y repetía dos o tres veces la misma idea, pero podía llegar a sostener una conversación sencilla
—Oíste, ¿vos cómo te llamás? —preguntaba en tanto uno de los mecánicos; mientras ensañaba sus sarrosas muelas en un buen pedazo de chunchurria acompañada de su respectiva arepa— ¿Que si tenés nombre?, ¿que cómo te llamás? —le repetía, salpicándole en la cara trozos de comida al vérsela confundida y pasmada.
—No me acuerdo —respondió de repente, inmutable, parsimonioso, en inaudible volúmen; carraspeó y repitió—... No me acuerdo.
Su interlocutor, que se inclinaba para oírlo, voceó la contestación, sembrando unánimes carcajadas. El fritanguero, cuando el barullo se había aquietado, aprovechó la sobriedad del energúmeno para conocerle mejor:
—¿Y no se acuerda de donde viene usted, de donde nació...?
(Expectación... un poco de impaciencia)
—Me trajeron —vacilaba con su gesto de idiota—... me trajeron de una vereda —parsimoniosamente contestaba y repetía varias veces, más y más fuerte; todos anudaban las lenguas; se paralizaban las mandíbulas, dentro los bocados intritos. Ni aun así oían, y los más cercanos y mejor dotados de escucha tenían que propalar luego la vocecilla.
Sin embargo la curiosidad era general y la lentitud y debilidad de las respuestas la caldeaban antes que provocar desespero.
—¿Sí?¿Cúal? —proseguía el fritanguero.
(...)
—Concordia... cerquita del Peñol —(bis... bis.).
—¿Y dejó usté familia por allá?
(...)
—Vengo de un orfanato —(bis... bis.).
—Aaaah...¿O sea que vos no conocés a tu mamá?
(...)
—No —se leyó claramente en los labios del pobre una única vez, girando a un lado... y al otro su cabeza, en señal de negación.
El fritanguero, muy ocurrente, arrapó, amarrando esto y aquello, la oportunida de surtir de algazara harta como tal vez no se diera antes. Inclinó la conversación:
—Pero en el orfanato deben saber cómo te llamás vos y hasta dónde está tu mamá... allá deben manejar esa información.
(...)
—¿Sí? —se pudo oir remotamente al azorado energúmeno. Luego le preguntó el fritanguero:
—¿Por qué no vas y mirás?
(...)
—¿Cómo? —(bis... bis.).
El corro mecaniquil, ilusionándose, atizando el lance, exclamó sus acicates alternativamente:
—¡Quién quita que consigás por allá a la familia y un techo y comida!
—O al menos pedís tus papeles, que eso es muy triste no saber ni cómo se llama uno.
—¡Sí! Y además la gente por ahí vive muy aburrida con vos... Hasta te salen dañando si seguís por aquí.
—¿Y a usté no se lo llevan cada ratico pa'la carcel por no tener papeles... y a las patadas? Vaya y los pide, pa'que esos tombos no lo jodan más. Nosotros mismos lo llevamos a la terminal y lo montamos en la flota.
Por el estilo las acometidas se extendieron hasta que el azorado energúmeno fue entendiendo claramente el concejo y hasta que, sin mudar su inmutable semblante, con el hilo sólito de voz, aceptó.
Creado por alemmela
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